ENERGÍA SOLAR: LAS CLAVES PARA UNA POLÍTICA ENERGÉTICA SOSTENIBLE

Raimundo González, Director Técnico de CENSOLAR (Centro de Estudios de la Energía Solar).

    El autor expresa su punto de vista sobre las peculiares circunstancias que rodean el incipiente desarrollo de la energía solar, así como los obstáculos que encuentra, y expone lo que sería, en su opinión, una política energética inteligente respecto a esta forma limpia de la energía.

Importante: Este artículo fue publicado por vez primera en noviembre de 1982.

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    ¿Por qué la energía solar no es todavía ampliamente utilizada ni tan siquiera en aquellas aplicaciones en las que ya ha probado su eficacia? La respuesta a esta pregunta requiere un análisis que debe ir más allá de simples consideraciones económicas.
    En primer lugar, es un error tratar de comparar la energía solar con otras fuentes convencionales de energía únicamente teniendo en cuenta factores cuantitativos de tipo económico, ya que la calidad de esta energía presenta, en sí misma, ventajas a medio y largo plazo que compensan sobradamente sus inconvenientes y limitaciones.
    Sin embargo, la realidad es que no parece suficiente que la energía solar sea una energía limpia, segura, inagotable y gratuita (al menos en su origen) para que sea capaz de cambiar en pocos años la tremenda inercia de consumo basado exclusivamente en las fuentes energéticas tradicionales, así como en los hábitos muy fuertemente arraigados en las sociedades económicamente avanzadas. Y es que, ciertamente, el uso generalizado de la energía solar exigiría cambios radicales en nuestros hábitos de vida.
    Algunos han acusado a las multinacionales petroleras de frenar intencionadamente el desarrollo de una tecnología solar más eficaz y barata. Personalmente, no creo que los intereses de las grandes compañías, que en realidad se limitan a suministrar los productos y servicios (energía abundante) que el cliente (es decir, nosotros) demanda exigentemente, sean la causa principal del lentísimo desarrollo de las energías renovables, aunque también es cierto que dichas compañías tampoco han realizado grandes esfuerzos, en términos absolutos, para favorecer dicho desarrollo.
    La energía solar, por su característica única de llegar de forma dispersa a cada metro cuadrado de suelo, se muestra especialmente rebelde para ser manipulada y controlada.
    Consideremos que, desde el punto de vista de las grandes compañías, lo que realmente importa es el control absoluto de las fuentes energéticas. Por ejemplo, aunque la tecnología para el tratamiento del petróleo o incluso de los materiales de fisión, pudiera estar al alcance de empresas no demasiado grandes, que podrían, al menos teóricamente, competir libremente a nivel nacional o incluso regional, el control de la materia prima asegura un beneficio indefinido en el tiempo a las grandes multinacionales que lo poseen.
    La energía solar es, por el contrario, imposible de controlar. No existen pozos de energía solar, ni reservas de explotación, ni es posible envasarla para su distribución. Por añadidura, la tecnología necesaria para su aprovechamiento, al menos en las aplicaciones de baja temperatura, es lo suficientemente sencilla para ser asequible a pequeños fabricantes. Por todo esto, en términos económicos la alternativa solar no es merecedora de las simpatías de las poderosas empresas energéticas.
    Los intentos más disparatados de controlar la energía solar consisten en acotar grandes espacios naturales, insensatamente catalogados como "sin valor ecológico" (¿?) y construir gigantescos receptores destinados a concentrar la luz que la Naturaleza nos ofrece dispersa y gratuita, para transformarla, mediante procesos termodinámicos sumamente ineficaces, en energía eléctrica, la cual, una vez cautiva en las redes de distribución convencionales, podría venderse al usuario, al igual que la electricidad producida por las centrales térmicas o nucleares.
    Cuando visito estas macrocentrales solares, que requieren enormes inversiones, un elevado mantenimiento, y que adolecen de muchos de los grandes inconvenientes de las centrales térmicas o nucleares (por ejemplo su alta vulnerabilidad a actos de terrorismo), siempre recuerdo un argumento de una antigua novela de ciencia-ficción, en la que una gran corporación había obtenido el monopolio mundial para purificar, envasar y vender el aire que los seres vivos respiraban. Todos tenían que vivir en recintos herméticamente cerrados, o con máscaras especiales y pagar el aire que consumían, ya que el aire atmosférico estaba demasiado contaminado... ¡por las emisiones tóxicas de las propias fábricas de aire "purificado"!
    A pesar de todo, la energía solar, acabará imponiéndose por su propio peso. El acelerar el proceso de su expansión generalizada depende, en gran medida, de nosotros mismos.
    Las experiencias recogidas en los últimos veinte años, permiten enumerar someramente los aspectos que deberían ser modificados o tenidos en cuenta, si se desea conseguir una razonable cuota de consumo de esta energía para el fin del primer cuarto del siglo XXI:
     - Los controles de calidad de captadores solares y módulos fotovoltaicos deberían ser aún más exigentes, no tanto orientados a la consecución de mayores rendimientos, como a asegurar una inalterabilidad tal que les permita alcanzar una vida útil de al menos treinta años con un mínimo mantenimiento.
     - Los gobiernos deberían cambiar los actuales sistemas de subvenciones, por la de créditos subvencionados, que el usuario puede amortizar con el propio ahorro producido por la instalación.
     - Las normas de la edificación deberían contemplar la posibilidad de una futura instalación solar, habilitándose superficies libres convenientemente orientadas e incluso facilitar, mediante una preinstalación, realizada ya en el momento de construirse un edificio o vivienda, el posterior montaje de una instalación solar. Especial atención debería prestarse a la elaboración de una Ley de Derecho Solar, que evitase futuros conflictos creados por las sombras mutuas entre las edificaciones.
     - Los edificios destinados a oficinas de la Administración y otros servicios oficiales deberían ser construidos incorporando de forma obligatoria la energía solar, al menos para el calentamiento del agua sanitaria y electrificación básica.
     - Se debería ofrecer a cada usuario una oportunidad real de autogeneración de al menos parte de la energía eléctrica que consume, posibilitando la instalación de módulos fotovoltaicos conectados directamente a la red de distribución eléctrica, en condiciones justas y asequibles.
     - Se debería potenciar una educación ciudadana tendente a frenar el creciente consumo energético, cambiando los hábitos sociales que favorezcan dicho consumo.
     - Deberían suprimirse las ayudas "ocultas" de las que las energías convencionales han estado gozando desde siempre, y primar, por el contrario, el uso de energías no contaminantes.
     - Por último, cuando se efectúen comparaciones de rentabilidad económica de la energía solar frente a otras energías convencionales, debería hacerse de forma honesta, esto es, imputando los enormes costes sociales y de prevención de riesgos (por ejemplo, el coste de la protección de las centrales nucleares), a dichas energías que, de forma engañosa, suelen presentarse como más económicas que la energía solar.